3 de febrero de 2012

Un año de transición

Se afrontaba esta edición con muchos miedos. Era un año de cambios, dentro y fuera del festival. San Sebastián sufría cambios polícticos y sociales y el festival, por otro lado, cambiaba de director después de una decada. El comienzo de lo que los medios han denominado como "la era Rebordinos" no ha sido malo. Vendría a ser un año de transición. Mikel Olaciregi cerró su andadura en el Zinemaldi con uno de los años más mediocres que se recuerdan. Ni la visita de la superstar Julia Roberts consiguió levantar una edición que olía a chamusquilla desde el comienzo.

El año 2011 comenzaba con muchas y muy buenas noticias. Una decisión arriesgada (y acertada) de inaugurar el festival con una película de terror: Intruders. Fresnadillo vino con todo su elenco encabezado por un elegante Clive Owen. La sección oficial pasó con nota. Resaltó un gran José Coronado, que se quedó sin premio ("No habrá paz para los malvados"), Julie Delpy con una gran comedía ("Le Skylab") o la última película de Terence Davis protagonizada por Rachel Weisz al más puro estilo del cine clásico ("The Deep blue sea").

A mes y medio de comenzar el festival se conocía el Premio Donostia. En esta ocasión recaía en la actriz estadounidense Glenn Close que presentaba "Albert Nobbs". Un gran acierto. Close no defraudó, y recogió emocionada "el primer premio a toda su carrera".

El glamour no se quedó ahí, también acudieron al festival Sarah Polley, Julie Delpy, Tom Hiddelston, Matthew McFayen, Geraldine Chaplin, Antonio Banderas o Logan Lerman. Pudimos ver también una botas gigantes promocionando la nueva película de Pixar y a más de un mosquetero paseando por la ciudad.

También vino ella, no nos olvidamos de la diva del glamour en esa edición. No recogió el Donostia porque ya lo recibió hace 15 años en su última visita. No es otra que la actriz Catherine Deneuve. Tan solo 24 horas excasas de visita sirvieron para que fuera portada de todos los periodicos y criticada por prensa y público.

No fue un año de sobresaliente, y quizás tampoco de notable, pero Rebordinos apunta maneras de lo que puede ser un gran festival. Comienza una nueva etapa para el Zinemaldia.

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